Cuando motivar no basta: los límites de las intervenciones STEM
Publicado el 21 de Enero de 2026

A finales de 2025 la Expert Network on Economics and Sociology of Education and Training (ENESET) publicó un informe «Factors influencing STEM participation and effective intervention strategies» [Factores influyentes en la participación STEM y estrategias de intervención efectivas»] que hace balance del estado de la investigación sobre dos cuestiones cruciales: por un lado, qué factores influyen en que el alumnado elija trayectorias STEM; por otro, qué eficacia real tienen las intervenciones diseñadas para fomentar estas elecciones. Un informe sin duda necesario pero que conviene leer con cierto espíritu crítico.

El punto de partida es ambicioso. La Unión Europea se ha marcado como objetivo pasar del 27,1 % al 32 % de matrícula en estudios STEM de aquí a 2030. El problema es que, a día de hoy, las cifras de matriculación llevan tiempo estancadas. Según los últimos datos del Education & Training Monitor 2025, en la última década la proporción de estudiantes matriculados en titulaciones STEM en la UE  ha registrado un ligero descenso de 0,7 puntos porcentuales.  Este patrón se observa en 13 de los 27  países miembro.

Una de las conclusiones más repetidas a lo largo del informe, aunque curiosamente no se destaque como mensaje principal: se llevan a cabo multitud de intervenciones para fomentar vocaciones STEM, pero apenas existen estudios que demuestren una relación causal clara entre estas iniciativas y un aumento real de la matrícula en carreras STEM. Esta frase se repite una y otra vez, aunque casi de soslayo, mientras se analizan las evidencias disponibles sobre intervenciones tan diversas como programas de mentoring, uso de modelos de referencia, actividades extracurriculares, ferias de orientación o enfoques STEM integrados.

Uno de los aciertos del informe es poner nombre a una confusión habitual. No es lo mismo mejorar la cultura científica general que aumentar el número de matriculaciones en carreras STEM. Muchas intervenciones funcionan razonablemente bien para lo primero: mejoran actitudes, interés y motivación. Sin embargo, no existen evidencias claras de que esas mismas iniciativas tengan un impacto en el aumento de las matriculaciones.   Dicho de otro modo, hemos aprendido bastante bien a conseguir que el alumnado se interese por STEM, pero no necesariamente a que decida matricularse en estudios STEM cuando llega el momento clave.

Año tras año vemos cómo talleres, clubes, charlas inspiradoras o proyectos interdisciplinarios despiertan curiosidad, refuerzan la identidad STEM de parte del alumnado y generan aspiraciones pero siguen faltando estudios longitudinales que permitan determinar si esa mejora de las actitudes y motivaciones se refleja finalmente en un aumento de la matrícula en estudios STEM.

Hasta cierto punto esto no debería de ser sorprendente puesto que decisión de elegir una carrera STEM no se toma de manera inmediata, sino que es el resultado final de un proceso en el que además de la motivación y el interés intervienen otros factores de diversa índole como el rendimiento previo, los itinerarios educativos, la capacidad real de las universidades de absorber al alumnado, las normas de admisión, los incentivos de financiación y las señales que envía el mercado laboral. Teniendo en cuenta todo lo anterior, no resulta sorprendente que intervenciones puntuales en etapas tempranas se vayan diluyendo con el tiempo, a medida que entran en juego otros factores que no dependen únicamente del interés individual del alumnado.

Entre esta multitud de variables, hay una en concreto sobre el que el informe pasa de puntillas. Hablamos del papel de las variables socioeconómicas en la elección de estudios STEM. Factores como el nivel educativo de los progenitores o la situación económica familiar, que la investigación lleva décadas señalando como determinantes clave, aparecen mencionadas de forma muy marginal en este trabajo. Esta ausencia no es menor. Al no incorporar explícitamente estas variables, se corre el riesgo de psicologizar un problema que es profundamente estructural, atribuyendo las decisiones a una supuesta falta de vocación cuando, en muchos casos, se trata de decisiones racionales en contextos de desigualdad.

Desde esta perspectiva, la perspectiva de matricularse en un grado STEM no es la misma para todo el alumnado. Para algunos, estudiar una ingeniería es una apuesta razonable, incluso si implica equivocarse o cambiar de camino. Para otros, es una opción larga, exigente, costosa económicamente y con un riesgo elevado de abandono, un riesgo que no siempre se pueden permitir. Este aspecto explica en parte por qué muchas intervenciones parecen funcionar sobre todo con quienes ya están mejor posicionados académica y socialmente.

El informe apuesta con claridad por el uso de modelos de referencia, especialmente femeninos, como una medida de bajo coste y eficacia probada. Sin embargo, esta afirmación se apoya en gran medida en un estudio francés que muestra que el impacto de este tipo de programas se concentra principalmente en estudiantes de Bachillerato con alto rendimiento académico. Es decir, son intervenciones útiles, pero lejos de ser universales o suficientes por sí solas.

Todo esto lleva a una conclusión que, aunque no sea especialmente optimista, sí resulta realista. No existe una intervención única capaz de aumentar de forma significativa la matrícula en STEM. Si realmente se quiere avanzar hacia los objetivos europeos, será necesario combinar acciones tempranas y bien focalizadas con políticas que reduzcan el riesgo académico y social del abandono, una planificación institucional coherente, trayectorias formativas más flexibles y una atención explícita a las desigualdades socioeconómicas.

Y aun así, conviene no perder de vista que la matrícula es solo una parte del problema. Incluso si se lograra atraer a más estudiantes a los estudios STEM, seguirían pendientes retos importantes como las tasas de abandono en los primeros cursos, la capacidad real del mercado laboral para absorber a los titulados y el problema de la sobrecualificación.

Referencia

Polanco-Jimenez, J., and De Witte, K. (2025). ‘Factors Influencing STEM Participation and Effective Intervention Strategies’, ENESET report, Luxembourg: Publications Office of the European Union. doi: 10.2766/6852280.

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