Incendios y ciencia: una propuesta para el aula
Publicado el 10 de Agosto de 2026
I.Diego. 01/10/2026
Este verano nos lo ha vuelto a recordar con dureza. España está viviendo una de las temporadas de incendios más devastadoras de las últimas décadas, que han obligado a declarar la emergencia de interés nacional y a evacuar a decenas de miles de personas. Cada verano el fuego vuelve a ocupar los titulares, pero rara vez llega a las aulas como lo que realmente es: un fenómeno donde se cruzan la biología, la geología, la física y el clima, además de su impacto social y económico.Las iniciativas educativas que existen hoy sobre incendios forestales tienden a quedarse en el nivel de la sensibilización: informar, hacer leer información, comprobar la comprensión con un cuestionario o una actividad gamificada básica. Sin embargo, los recursos didácticos del programa Living With Fire, de la Universidad de Nevada, van un paso más allá y plantean al alumnado manejar datos reales, diseñar una investigación o resolver un caso aplicado para la prevención y gestión de incendios. Por eso lo tomamos como base para pensar cómo integrar el fuego y el clima en el aula. Cerramos la entrada con una idea concreta: organizar una formación de profesorado que aborde los incendios desde una mirada multidisciplinar.

 

Living With Fire: ciencia del incendio con enfoque de currículo por asignatura

La propuesta de Living With Fire, desarrollada junto a más de 160 docentes, científicos y profesionales del fuego, está organizada por asignatura y nivel. A modo de ejemplo en la etapa equivalente a Bachillerato destacan tres bloques de actividades:

  • Biología: seis sesiones que trabajan capacidad de carga, biodiversidad y estabilidad de los ecosistemas, culminando en un caso práctico donde el alumnado debe aumentar la resiliencia de una comunidad frente al incendio.
  • Ciencias de la Tierra: cinco sesiones en las que el alumnado usa datos y proyecciones climáticas para predecir el riesgo futuro de incendio y diseña una investigación de laboratorio sobre cómo la severidad del fuego afecta a la erosión y los deslizamientos de tierra.
  • Ciencias ambientales (Bachillerato): cinco sesiones centradas en cómo el cambio climático, las especies invasoras y la variabilidad interanual de las precipitaciones influyen en el riesgo de incendio, con una propuesta de investigación real orientada a informar decisiones futuras de gestión del territorio.

Este enfoque conecta directamente el fuego con el clima: no se presenta como un fenómeno aislado, sino como el resultado de una interacción entre vegetación, suelo, atmósfera y gestión humana del territorio.

 

Qué se puede llevar al aula ya

A partir de esta estructura, hay tres líneas de trabajo que funcionan bien en un aula de secundaria o bachillerato:

  1. El fuego como sistema físico-químico. Antes de hablar de ecología, conviene que el alumnado entienda el triángulo del fuego, la propagación del calor y cómo el viento, la pendiente y la humedad del combustible modifican el comportamiento de un incendio. Aquí entra la física y, con ella, una primera puerta a la ingeniería (diseño de cortafuegos, infraestructuras de extinción, urbanismo en zonas de interfaz urbano-forestal).
  2. El fuego como proceso ecológico y geológico. El fuego desempeña un papel importante en ; pero la severidad y frecuencia actuales alteran la sucesión ecológica, aceleran la erosión y aumentan el riesgo de deslizamientos y avenidas tras la quema, tal y como trabaja la unidad de Ciencias de la Tierra de Living With Fire.
  3. El fuego como problema climático. Usar proyecciones climáticas reales para que el alumnado relacione sequía, temperatura y estación de incendios es quizá el ejercicio más potente: convierte una noticia abstracta («más olas de calor, más incendios») en un análisis de datos que el propio alumnado puede reproducir con series climáticas de su región.

 

Encaje curricular en España

El currículo LOMLOE ya ofrece huecos naturales para estos contenidos:

  • Biología y Geología (ESO): ecología del fuego y dinámica de ecosistemas.
  • Biología, Geología y Ciencias Ambientales (1º Bach.): su competencia de diseñar y ejecutar iniciativas de conservación encaja bien con el enfoque de investigación aplicada de Living With Fire.
  • Geología y Ciencias Ambientales (2º Bach., modalidad Ciencias y Tecnología): erosión post-incendio, riesgo de deslizamientos y proyecciones climáticas.
  • Física y Química: comportamiento físico del fuego.
  • Tecnología / Tecnología e Ingeniería: infraestructuras de prevención, el terreno propio de la ingeniería de montes.

Un mismo caso de estudio puede trabajarse en varias asignaturas a lo largo del curso, algo que la formación de profesorado debería ayudar a diseñar.

 

Una propuesta de trabajo con profesorado

Esta experiencia apunta a algo que en nuestro contexto todavía está poco desarrollado: una formación de profesorado que trate los incendios no como un tema de «medio ambiente» genérico, sino como un contenido que atraviesa varias materias y que se beneficia de un tratamiento coordinado entre departamentos.

Objetivo: profundizar en la comprensión de los incendios forestales, su prevención y su gestión, contando con la participación de personas expertas del campo de la biología, la geología y la ingeniería de montes, que aporten visiones complementarias desde su experiencia profesional y científica.

Una posible estructura para esa formación sería:

  • Biología: ecología del fuego, sucesión vegetal, especies pirófitas y pirófobas, resiliencia de ecosistemas mediterráneos.
  • Geología: erosión post-incendio, hidrología de cuencas quemadas, riesgo de deslizamientos y avenidas, lectura del paisaje como archivo de incendios pasados.
  • Ingeniería: comportamiento físico del fuego, diseño de infraestructuras de prevención y extinción, planificación de zonas de interfaz urbano-forestal, tecnologías de detección temprana.
  • Herramientas digitales: manejo de visores como EFFIS, Copernicus y NASA FIRMS para trabajar con datos reales de incendios en el aula.

Cada sesión consistiría en una introducción teórico-práctica por parte de personas expertas seguida de trabajo práctico para adaptar actividades ya pilotadas —como las de Living With Fire— de modo que el alumnado vea el incendio como lo que es: un fenómeno donde biología, geología, física y clima se explican mutuamente.

Un punto que esa formación debería abordar de forma específica es la adaptación de estos materiales a regiones de clima atlántico, como Asturias. Living With Fire está construido sobre la realidad de Nevada, un clima semiárido donde la sequía estival y la vegetación de matorral son los factores dominantes del riesgo.

En una región atlántica, el patrón de incendios responde a otras variables: mayor humedad ambiental, vegetación con más biomasa (pastizales, tojales, plantaciones forestales), un peso mucho mayor del uso tradicional del fuego agroganadero y una relación distinta entre sequías puntuales, viento y ola de calor. La adaptación de la propuesta didáctica de Living With Fire a este contexto no es solo cambiar el nombre de las especies: implica trabajar con series climáticas y episodios de incendio propios de la cornisa cantábrica, y ese trabajo de adaptación —más que de traducción— sería precisamente una de las tareas centrales de la formación de profesorado que se podría proponer.

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